
En la Biblia Latinoamericana Edición Revisada 2002, 39ª Edición, Editorial Verbo Divino, el Libro de Job, Libro Bíblico del Antiguo Testamento, se encuentra entre los libros de Daniel y Proverbios. Aunque persiste la incógnita por su autoría, la tradición lo atribuye a Moisés, el cual pudo conocer a Job durante su huida del Bajo Egipto. Generalmente se considera que este libro fue escrito alrededor del año 1473 a. C. El autor detenta un amplio acervo religioso y cultural. Aparentemente Job habita en Uz, entre Idumea (Edom es un nombre alternativo para Esaú. Los descendientes de Esaú son llamados Edomitas y el lugar donde habitaron, la tierra de Edom. Posteriormente los romanos los llamaron Idumeanos. La tierra de Edom se ubica en la frontera meridional de Jordania e Israel) y Arabia (península situada en la confluencia de África y Asia, entre el Golfo Pérsico, el Golfo de Adén y el Mar Rojo)[i].
“Había en el país de Us un hombre llamado Job; era un varón perfecto que temía a Dios y se alejaba del mal. Tuvo siete hijos y tres hijas. Tenía muchos servidores y poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas burras. Este hombre era el más famoso entre todos los hijos de oriente. Sus hijos acostumbraban a celebrar banquetes por turno, en casa de cada uno de ellos, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Una vez terminados los días de esos banquetes, Job los mandaba a llamar para purificarlos; se levantaba muy temprano y ofrecía sacrificios por cada uno de ellos, pues decía: Puede que mis hijos hayan pecado y ofendido a Dios en su corazón”[ii].
El siervo bíblico de nombre Job indudablemente es un hombre próspero. Su prosperidad personal y material no está divorciada del profundo agradecimiento a quién lo ha proveído de toda su riqueza: Yavé. La afirmación de que Job “teme” a Dios es una figura que, desde mi punto de vista, se debate entre una concepción errada, de un Dios temible y la falta de recursos por parte del autor, puesto que el Dios del antiguo testamento, por alguna razón que se debe discernir, es presentado como un justiciero, retrato totalmente alejado de la realidad. Job es la transposición de nosotros mismos, esto es, le permuta ineludible del ser humano hacia lo que Dios espera de sus súbditos: un profundo y constante agradecimiento por todas las riquezas brindadas. Hace poco, uno de mis queridos hermanos, Luis Manuel Ramírez, me hizo llegar la imagen de una persona que pedía constantemente que su cruz fuera reducida en su longitud, lo cual, conlleva reducirla en peso. Dios le permitió en las ocasiones que lo demandó, disminuir la carga. A medida que esta persona cargaba su cruz y quitaba partes de ella, su camino se hizo fácil, teniendo hasta la oportunidad de ir canturreando durante el trayecto. Al final, se encontró frente a un barranco. Todos los que cargaron inmutables su cruz, la utilizaron para pasar del otro lado. Este ser humano se quedo al borde del barranco.
La prosperidad para muchos de nosotros, hoy día, es tener una abultada cuenta de banco, una extensa y bella propiedad, habitar una casa con todas las comodidades, coches a la disposición de los hijos, del esposo o esposa, una disfrutables vacaciones en un destino cotizado, ropa y zapatos finos, perfumes cuyo costo podrían alimentar por semanas a una familia indigente, renombre público por los logros laborales, que los demás inclinen sus cabezas ante nosotros y hasta recibir cierta adulación. Ese bienestar está bien. Quién diga que no, corre el riesgo de ser catalogado de muchas formas. Cuántos de nosotros, agradecemos a Dios por la fortuna que vivimos? Quizás muchos o acaso algunos. Cuántos de nosotros invitamos a las tres hermanas a comer y beber con nosotros? La enseñanza ubica con precisión la condición de la mujer en esos entonces. Algunas de las imágenes de mujeres en el Antiguo Testamento destacan por un modelo de sumisión, subordinación y exclusividad jerárquica del hombre. No perder de vista que el autor bíblico está condicionado intrínsecamente por la historia y reflejan los vaivenes de su cultura y la época. Esas tres hermanas, hoy día, fácilmente pueden ser todas esas personas que por una u otra razón no gozan de la bondad que muchos o pocos de nosotros experimentamos a diario. Cuántos de nosotros compartimos la mesa con seres, que desde nuestros propios puntos de vista, no están a la altura de nosotros? Las arengas dicen que los cristianos no somos clasistas. Qué opinas tú hermano?
Job, luego de cada banquete, convocaba a sus hijos para un proceso de purificación, por si habían cometido una falta, supongo consciente o inconscientemente. El Dios que podemos conocer esta tras el rostro de las personas con las cuales nos relacionamos y la ofensa es solamente la desatención por los hábitos más fraternales hacia aquellos que queremos y nos quieren. Antes de verter un agravio contra un semejante, debemos detenernos y auscultar nuestro corazón y ahí encontraremos la luz que nos hará recordar las innumerables humillaciones recibidas por Jesús durante su apostolado y culminaron con una de las muertes más ofensivas, sangrientas, violentas y deshumanas conocidas en la historia moderna. El ignominioso flagelo del hambre y desnutrición que reciben miles de niños Jesús en todo el mundo ante nuestra pávida complacencia y falta de interés, es una variante de la variable con la cual hasta inconscientemente ofendemos la voluntad de Dios. Los cristianos pasivos que oran detrás de los cristales polarizados de sus lujosos coches no tienen conciencia aún que uno de los caballos del Apocalipsis ya cabalga fastuosamente por las calles de nuestras modernas ciudades. La purificación es un proceso por el cual, comunicándonos con Dios mediante la oración, recibimos la potestad para solidarizarnos desde una acción comprometida con el que no tiene un mendrugo de pan para saciar su hambre de la semana pasada.
“Un día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse ante Yavé, apareció también entre ellos Satán”[iii].
Tengo mi propia opinión respeto al tema de Satanás, qué procuraré dilucidar durante el transcurso de la última etapa de esta aportación. La creencia popular sobre Satanás semeja un arcoíris. Es un tema variopinto, de diversos matices. Desde niños nuestra cultura occidental vaticanizada nos planta en este ser la personificación del mal y el símbolo de eterno rival de Dios. Las Sagradas Escrituras definen a esta entelequia como un ser angélico caído de su posición en el cielo por oponerse al plan de Dios para la humanidad[iv],[v],[vi],[vii],[viii]. Su vanidad e inmodestia condujo a este ángel a su caída. Por ello, Dios echó a Satanás del Reino de los Cielos. Luego así, bíblicamente, se convirtió en el líder de las huestes y potestades que antagonizan con Dios[ix],[x],[xi],[xii],[xiii],[xiv],[xv],[xvi]. Según muchos exégetas este ángel caído aún busca elevar su trono sobre el de Dios. Sin embargo, en las Sagradas Escrituras leemos que el destino de Satanás está sellado con una eternidad en el lago de fuego[xvii].
Para concluir mi contribución, eran necesarios y justificados estos antecedentes bíblicos. El modelo del mal con el que hoy lidiamos se aproxima siempre a las metáforas que hallamos en las Sagradas Escrituras aún cuando éstas alegorías o símbolos distan mucho de ser solamente eso. Toda aquella filosofía, teología e incluso alguna novedosa metafísica que infrinjan los propósitos y designios de Dios, sorprendentemente tienen la capacidad de reconstruirse, de transformarse en detrimento y menoscabo de éstos. El amo de la perversidad viste de ropajes llamativos y hasta alucinantes para robar la atención, seduce con su otrora belleza y con el encanto de su inacabable fuente de falsedades. Temo que su principal objetivo siguen siendo nuestros amados jóvenes. Reclutarlos, adoctrinarlos y enviarlos al mundo a llevar a cabo perfidias, corrupciones, perversidades e iniquidades es su procedimiento para escalar peldaños en pos de la conquista de su único objetivo: el Trono de Dios. Yo siento en mi corazón que debemos darle las herramientas a la juventud para poder combatir esta amenaza, que basta ver lo que está sucediendo a nuestros alrededores para concluir que no es una fanfarronada.
Amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, sigue siendo el edicto por excelencia, la suprema disposición, la prescripción de Dios. Me deleitó imaginando la figura de un Padre infinitamente amoroso guiando y enseñando a sus hijos a amarse, a amarse a pesar de la vastedad de puntos de desencuentro que puedan existir, y que el único estado de conciliación y encuentro sea Él. Debemos invitar a los jóvenes y a toda persona a tener la oportunidad de amar a Dios. Una interesante opción es llevar la experiencia de Job a un ejercicio pleno de nuestro cristianismo, agradeciendo diariamente por todos los acontecimientos en los cuáles no intervenimos directamente y llenar nuestro espíritu de gratitud por inmiscuirnos en los sucesos que procuren beneficios para nuestros hermanos. La gratitud al Creador indiscutiblemente pasa por el tamiz de nuestra propia redención.
La exoneración del mal es un ciclo que inicia al reconocer que necesitamos regresar al Padre y emprender nuestra reedificación para luego abrazar a nuestro hermano necesitado y proseguir hasta alcanzar el objetivo de librar a la humanidad de sus peores amenazas. El objetivo es alcanzar el estado espiritual que revolotea en el Espíritu de Dios para la humanidad. Pero para ello, los llamados a fraternizar y compartir el llamado no exhiben poses que acusen arrogancia y vanidad, no manifiestan logros como personales ni exteriorizan ser acreedores de gloria. El engreimiento, jactancia y soberbia son atributos de los hijos del ángel caído.
La espiritualidad es un estado de libre acceso. Es una puerta amplia y siempre abierta cuyo único requisito de ingreso es desear acceder. La espiritualidad no es una dádiva que líder religioso alguno pueda arrogarse como exclusiva de él. Tampoco hay dogma alguno que permita detentar este estado de relación con Dios. Las doctrinas se sostienen en un cuerpo de enseñanzas basadas en un sistema de creencias o por los preceptos de un líder religioso seudounguido y la mayoría de las veces, ni la doctrina ni el líder admiten réplicas. No hay pruebas de veracidad.
El Dios que conozco en sus escrituras no adoctrina. El adoctrinamiento es la enseñanza o educación inculcando determinadas ideas o creencias. Las Sagradas Escrituras no infiltran a nuestro cerebro procedimientos y procederes preconcebidos ni que vayan en contra de nuestro estado consciente. El sugestionamiento y los influjos, la carismanía, la pérdida del conocimiento y sabe cuántas más no se enlistan entre los productos del Espíritu Santo. Jesús durante su proceso de muerte en la cruz nunca estuvo poseído por ningún comportamiento alejado a su proceder habitual. Oraba a su Padre, siempre estuvo orándole a su Padre y en su lengua natal, el arameo.
Hermanos todos, la enseñanza de Job es importante para el que quiera leerla y tomar instrucción de ella para su comportamiento personal. Agradecer lo bueno y lo malo debe llenarnos de paz y alejarnos de los conflictos existenciales que muchos experimentamos. La prosperidad debe llegar a la par de la virtud de ser generosos. La práctica de nuestra Fé cristiana debe tener un eco en nuestra sociedad, un efecto visible, no solo en los desposeídos, en toda la humanidad. El ángel caído es el maestro del disfraz y anda tras nuestros jóvenes. Su batalla contra Dios está lejos de concluir. Y ser espirituales es llevar a una práctica consecuente, sensata, reflexiva, juiciosa y prudente el amar a Dios sobre todas las cosas y a tú prójimo como a nosotros mismos.
Juan Espinoza Cuadra
Enero 14, 2009
México
रेफरेन्सेस
[i] http://es.wikipedia.org/wiki/Libro_de_Job
[ii] Job 1: 1-15
[iii] Job 1:6
[iv] Isaías 14:12
[v] Ezequiel 28:12-14
[vi] Isaías 14: 13-14
[vii] Ezequiel 28:15
[viii] 1 Timoteo 3:6
[ix] Juan 12:31
[x] 2 Corintios 4:4
[xi] Efesios 2:2
[xii] Apocalipsis 12:10
[xiii] Mateo 4:3
[xiv] 1 Tesalonicenses 3:5
[xv] Génesis 3:2
[xvi] Apocalipsis 20:3
[xvii] Apocalipsis 20:10
“Había en el país de Us un hombre llamado Job; era un varón perfecto que temía a Dios y se alejaba del mal. Tuvo siete hijos y tres hijas. Tenía muchos servidores y poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas burras. Este hombre era el más famoso entre todos los hijos de oriente. Sus hijos acostumbraban a celebrar banquetes por turno, en casa de cada uno de ellos, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Una vez terminados los días de esos banquetes, Job los mandaba a llamar para purificarlos; se levantaba muy temprano y ofrecía sacrificios por cada uno de ellos, pues decía: Puede que mis hijos hayan pecado y ofendido a Dios en su corazón”[ii].
El siervo bíblico de nombre Job indudablemente es un hombre próspero. Su prosperidad personal y material no está divorciada del profundo agradecimiento a quién lo ha proveído de toda su riqueza: Yavé. La afirmación de que Job “teme” a Dios es una figura que, desde mi punto de vista, se debate entre una concepción errada, de un Dios temible y la falta de recursos por parte del autor, puesto que el Dios del antiguo testamento, por alguna razón que se debe discernir, es presentado como un justiciero, retrato totalmente alejado de la realidad. Job es la transposición de nosotros mismos, esto es, le permuta ineludible del ser humano hacia lo que Dios espera de sus súbditos: un profundo y constante agradecimiento por todas las riquezas brindadas. Hace poco, uno de mis queridos hermanos, Luis Manuel Ramírez, me hizo llegar la imagen de una persona que pedía constantemente que su cruz fuera reducida en su longitud, lo cual, conlleva reducirla en peso. Dios le permitió en las ocasiones que lo demandó, disminuir la carga. A medida que esta persona cargaba su cruz y quitaba partes de ella, su camino se hizo fácil, teniendo hasta la oportunidad de ir canturreando durante el trayecto. Al final, se encontró frente a un barranco. Todos los que cargaron inmutables su cruz, la utilizaron para pasar del otro lado. Este ser humano se quedo al borde del barranco.
La prosperidad para muchos de nosotros, hoy día, es tener una abultada cuenta de banco, una extensa y bella propiedad, habitar una casa con todas las comodidades, coches a la disposición de los hijos, del esposo o esposa, una disfrutables vacaciones en un destino cotizado, ropa y zapatos finos, perfumes cuyo costo podrían alimentar por semanas a una familia indigente, renombre público por los logros laborales, que los demás inclinen sus cabezas ante nosotros y hasta recibir cierta adulación. Ese bienestar está bien. Quién diga que no, corre el riesgo de ser catalogado de muchas formas. Cuántos de nosotros, agradecemos a Dios por la fortuna que vivimos? Quizás muchos o acaso algunos. Cuántos de nosotros invitamos a las tres hermanas a comer y beber con nosotros? La enseñanza ubica con precisión la condición de la mujer en esos entonces. Algunas de las imágenes de mujeres en el Antiguo Testamento destacan por un modelo de sumisión, subordinación y exclusividad jerárquica del hombre. No perder de vista que el autor bíblico está condicionado intrínsecamente por la historia y reflejan los vaivenes de su cultura y la época. Esas tres hermanas, hoy día, fácilmente pueden ser todas esas personas que por una u otra razón no gozan de la bondad que muchos o pocos de nosotros experimentamos a diario. Cuántos de nosotros compartimos la mesa con seres, que desde nuestros propios puntos de vista, no están a la altura de nosotros? Las arengas dicen que los cristianos no somos clasistas. Qué opinas tú hermano?
Job, luego de cada banquete, convocaba a sus hijos para un proceso de purificación, por si habían cometido una falta, supongo consciente o inconscientemente. El Dios que podemos conocer esta tras el rostro de las personas con las cuales nos relacionamos y la ofensa es solamente la desatención por los hábitos más fraternales hacia aquellos que queremos y nos quieren. Antes de verter un agravio contra un semejante, debemos detenernos y auscultar nuestro corazón y ahí encontraremos la luz que nos hará recordar las innumerables humillaciones recibidas por Jesús durante su apostolado y culminaron con una de las muertes más ofensivas, sangrientas, violentas y deshumanas conocidas en la historia moderna. El ignominioso flagelo del hambre y desnutrición que reciben miles de niños Jesús en todo el mundo ante nuestra pávida complacencia y falta de interés, es una variante de la variable con la cual hasta inconscientemente ofendemos la voluntad de Dios. Los cristianos pasivos que oran detrás de los cristales polarizados de sus lujosos coches no tienen conciencia aún que uno de los caballos del Apocalipsis ya cabalga fastuosamente por las calles de nuestras modernas ciudades. La purificación es un proceso por el cual, comunicándonos con Dios mediante la oración, recibimos la potestad para solidarizarnos desde una acción comprometida con el que no tiene un mendrugo de pan para saciar su hambre de la semana pasada.
“Un día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse ante Yavé, apareció también entre ellos Satán”[iii].
Tengo mi propia opinión respeto al tema de Satanás, qué procuraré dilucidar durante el transcurso de la última etapa de esta aportación. La creencia popular sobre Satanás semeja un arcoíris. Es un tema variopinto, de diversos matices. Desde niños nuestra cultura occidental vaticanizada nos planta en este ser la personificación del mal y el símbolo de eterno rival de Dios. Las Sagradas Escrituras definen a esta entelequia como un ser angélico caído de su posición en el cielo por oponerse al plan de Dios para la humanidad[iv],[v],[vi],[vii],[viii]. Su vanidad e inmodestia condujo a este ángel a su caída. Por ello, Dios echó a Satanás del Reino de los Cielos. Luego así, bíblicamente, se convirtió en el líder de las huestes y potestades que antagonizan con Dios[ix],[x],[xi],[xii],[xiii],[xiv],[xv],[xvi]. Según muchos exégetas este ángel caído aún busca elevar su trono sobre el de Dios. Sin embargo, en las Sagradas Escrituras leemos que el destino de Satanás está sellado con una eternidad en el lago de fuego[xvii].
Para concluir mi contribución, eran necesarios y justificados estos antecedentes bíblicos. El modelo del mal con el que hoy lidiamos se aproxima siempre a las metáforas que hallamos en las Sagradas Escrituras aún cuando éstas alegorías o símbolos distan mucho de ser solamente eso. Toda aquella filosofía, teología e incluso alguna novedosa metafísica que infrinjan los propósitos y designios de Dios, sorprendentemente tienen la capacidad de reconstruirse, de transformarse en detrimento y menoscabo de éstos. El amo de la perversidad viste de ropajes llamativos y hasta alucinantes para robar la atención, seduce con su otrora belleza y con el encanto de su inacabable fuente de falsedades. Temo que su principal objetivo siguen siendo nuestros amados jóvenes. Reclutarlos, adoctrinarlos y enviarlos al mundo a llevar a cabo perfidias, corrupciones, perversidades e iniquidades es su procedimiento para escalar peldaños en pos de la conquista de su único objetivo: el Trono de Dios. Yo siento en mi corazón que debemos darle las herramientas a la juventud para poder combatir esta amenaza, que basta ver lo que está sucediendo a nuestros alrededores para concluir que no es una fanfarronada.
Amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, sigue siendo el edicto por excelencia, la suprema disposición, la prescripción de Dios. Me deleitó imaginando la figura de un Padre infinitamente amoroso guiando y enseñando a sus hijos a amarse, a amarse a pesar de la vastedad de puntos de desencuentro que puedan existir, y que el único estado de conciliación y encuentro sea Él. Debemos invitar a los jóvenes y a toda persona a tener la oportunidad de amar a Dios. Una interesante opción es llevar la experiencia de Job a un ejercicio pleno de nuestro cristianismo, agradeciendo diariamente por todos los acontecimientos en los cuáles no intervenimos directamente y llenar nuestro espíritu de gratitud por inmiscuirnos en los sucesos que procuren beneficios para nuestros hermanos. La gratitud al Creador indiscutiblemente pasa por el tamiz de nuestra propia redención.
La exoneración del mal es un ciclo que inicia al reconocer que necesitamos regresar al Padre y emprender nuestra reedificación para luego abrazar a nuestro hermano necesitado y proseguir hasta alcanzar el objetivo de librar a la humanidad de sus peores amenazas. El objetivo es alcanzar el estado espiritual que revolotea en el Espíritu de Dios para la humanidad. Pero para ello, los llamados a fraternizar y compartir el llamado no exhiben poses que acusen arrogancia y vanidad, no manifiestan logros como personales ni exteriorizan ser acreedores de gloria. El engreimiento, jactancia y soberbia son atributos de los hijos del ángel caído.
La espiritualidad es un estado de libre acceso. Es una puerta amplia y siempre abierta cuyo único requisito de ingreso es desear acceder. La espiritualidad no es una dádiva que líder religioso alguno pueda arrogarse como exclusiva de él. Tampoco hay dogma alguno que permita detentar este estado de relación con Dios. Las doctrinas se sostienen en un cuerpo de enseñanzas basadas en un sistema de creencias o por los preceptos de un líder religioso seudounguido y la mayoría de las veces, ni la doctrina ni el líder admiten réplicas. No hay pruebas de veracidad.
El Dios que conozco en sus escrituras no adoctrina. El adoctrinamiento es la enseñanza o educación inculcando determinadas ideas o creencias. Las Sagradas Escrituras no infiltran a nuestro cerebro procedimientos y procederes preconcebidos ni que vayan en contra de nuestro estado consciente. El sugestionamiento y los influjos, la carismanía, la pérdida del conocimiento y sabe cuántas más no se enlistan entre los productos del Espíritu Santo. Jesús durante su proceso de muerte en la cruz nunca estuvo poseído por ningún comportamiento alejado a su proceder habitual. Oraba a su Padre, siempre estuvo orándole a su Padre y en su lengua natal, el arameo.
Hermanos todos, la enseñanza de Job es importante para el que quiera leerla y tomar instrucción de ella para su comportamiento personal. Agradecer lo bueno y lo malo debe llenarnos de paz y alejarnos de los conflictos existenciales que muchos experimentamos. La prosperidad debe llegar a la par de la virtud de ser generosos. La práctica de nuestra Fé cristiana debe tener un eco en nuestra sociedad, un efecto visible, no solo en los desposeídos, en toda la humanidad. El ángel caído es el maestro del disfraz y anda tras nuestros jóvenes. Su batalla contra Dios está lejos de concluir. Y ser espirituales es llevar a una práctica consecuente, sensata, reflexiva, juiciosa y prudente el amar a Dios sobre todas las cosas y a tú prójimo como a nosotros mismos.
Juan Espinoza Cuadra
Enero 14, 2009
México
रेफरेन्सेस
[i] http://es.wikipedia.org/wiki/Libro_de_Job
[ii] Job 1: 1-15
[iii] Job 1:6
[iv] Isaías 14:12
[v] Ezequiel 28:12-14
[vi] Isaías 14: 13-14
[vii] Ezequiel 28:15
[viii] 1 Timoteo 3:6
[ix] Juan 12:31
[x] 2 Corintios 4:4
[xi] Efesios 2:2
[xii] Apocalipsis 12:10
[xiii] Mateo 4:3
[xiv] 1 Tesalonicenses 3:5
[xv] Génesis 3:2
[xvi] Apocalipsis 20:3
[xvii] Apocalipsis 20:10

