miércoles, 11 de marzo de 2009

THE LOST SHEEP


¿Qué pasará, según ustedes, si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía? ¿No dejará las noventa y nueve en los cerros para ir a buscar la extraviada? Y si logra encontrarla, yo les digo que ésta le dará más alegría que las noventa y nueve que no se extraviaron. Pasa lo mismo donde el Padre de ustedes, el Padre del Cielo: allá no quieren que se pierda ni tan sólo uno de estos pequeñitos. Mateo 18, 12-14.

Ocurren muchas circunstancias en la vida de hombres y mujeres, jóvenes o adultos, comprometidos con una causa cristiana, que motivan algún tipo de deserción. La renuncia inducida o espontánea tiene diversos matices. No es un fenómeno de extremos, iniciado en el blanco y sin transiciones pasado al negro. No. Además, ¿cuántas renuncias a una práctica devocional le son permitidas al llamado cristiano militante? Probablemente muchas, puede ser ninguna. A fin de cuentas, en el juzgado personal, donde somos fiscal, abogado defensor y juez, el veredicto es privado y personal. De este dictamen depende nuestra relación con los demás y la más importante, la reciprocidad con Jesús. Muchos de nosotros en algún momento de nuestra juventud o adultez hemos tenido que perdernos, en el sentido de apartarnos de un formato de práctica habitual de las enseñanzas cristianas. La opción de regresar a éstas es una decisión de implícito carácter personal. Pero… ¿será que las prácticas a las que hemos renunciado son las correctas, vamos, las adecuadas para el crecimiento individual? Cada uno de nosotros tiene la labor de discernirlo.

Los cristianos hemos recibido un llamado en alguna etapa de nuestra vida. Y ese llamado ha traído con él, una etiqueta personal y en ella, un plan de actividades. Recuerdo muy bien mi llamado cuando tenía aproximadamente 16 años. Esta convocatoria tuvo un entorno matizado por mi aún desarrollo como joven. A esa edad soñamos aún despiertos y nos asumimos inmortales ante los retos, peligros y acertijos de la vida. Además, tomamos pinceles y adornamos de los matices más exuberantes los acontecimientos que discurren con total normalidad a los ojos de los adultos. Los amigos juegan un rol importante en la construcción de los castillos de arena. Mi gran amigo del colegio La Salle Waldemar Centeno Díaz fue también un convicto cómplice en establecer las conexiones más inverosímiles entre la realidad y la fantasía por esos años. Por las tardes en su casa o en la mía, oyendo música, leyendo algún libro o discutiendo febrilmente las más novedosas derivaciones filosóficas en cuánto al desenvolvimiento del mundo, Dios ya actuaba en nosotros. Hoy estoy convencido. Dios preparaba el terreno para utilizarnos como instrumentos para una de sus obras.

Y la obra se construyó y muchos de los obreros fuimos extraviados. Se nos traspapelaron los roles en una ventisca que no pudimos evadir y el propósito era acudir a Dios desde una posición desamparada de la vestidura de inamovible que se nos concedió al ser los pioneros de su nueva empresa Comunidad Cristiana Hijos de Dios. En mis posteriores discernimientos y reflexiones muchos años después de mi desvió de ese mandato, en oración he sentido paz. Y caminando a solas en mañanas de fulguroso Sol y en tardes de suaves ventiscas orando a Jesús he podido sentir sus palabras de consuelo y he percibido sus palmadas de amistad en mi hombro. Recién mi desalineación de este cuerpo de oración me pregunté insistentemente los porqués para encontrar solamente un calmo silencio a mis interrogantes. A través de la calma Jesús comenzaba a explicarme las razones, esclarecimiento que duraría muchos años en terminar.

Años atrás pensé en uno de los hermanos que Dios utilizó para llevar a cabo su plan de retiro para mí y sentí tristeza. Sentí tristeza porque hasta tarde comprendí que solo somos instrumentos en las manos de un Ser Todopoderoso que únicamente procura el bien para nosotros, y que no tuve la capacidad ni la humildad para reconocerlo entonces. Me extravié en la soberbia y la autosuficiencia y a pesar de ello, Jesús dejo pastando a las noventa y nueve ovejas de la Comunidad de Hijos de Dios de esos años y se sentó a mi lado y me tomo en sus brazos y llevándome a su pecho, al oído me dijo nuevamente lo mucho que me amaba.

No hubo más Comunidades Cristianas que fundar y sí instituir los cimientos de lo que sería mi vida a partir de entonces. Jesús se convirtió en el definidor de mis conceptos de extravíos y tomándome de la mano me enrumbo hacia nuevos derroteros.

Juan Espinoza Cuadra
Marzo de 2009
México

miércoles, 14 de enero de 2009

La enseñanza de Job y mi derivación hacia la edificación de la espiritualidad


En la Biblia Latinoamericana Edición Revisada 2002, 39ª Edición, Editorial Verbo Divino, el Libro de Job, Libro Bíblico del Antiguo Testamento, se encuentra entre los libros de Daniel y Proverbios. Aunque persiste la incógnita por su autoría, la tradición lo atribuye a Moisés, el cual pudo conocer a Job durante su huida del Bajo Egipto. Generalmente se considera que este libro fue escrito alrededor del año 1473 a. C. El autor detenta un amplio acervo religioso y cultural. Aparentemente Job habita en Uz, entre Idumea (Edom es un nombre alternativo para Esaú. Los descendientes de Esaú son llamados Edomitas y el lugar donde habitaron, la tierra de Edom. Posteriormente los romanos los llamaron Idumeanos. La tierra de Edom se ubica en la frontera meridional de Jordania e Israel) y Arabia (península situada en la confluencia de África y Asia, entre el Golfo Pérsico, el Golfo de Adén y el Mar Rojo)[i].

Había en el país de Us un hombre llamado Job; era un varón perfecto que temía a Dios y se alejaba del mal. Tuvo siete hijos y tres hijas. Tenía muchos servidores y poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas burras. Este hombre era el más famoso entre todos los hijos de oriente. Sus hijos acostumbraban a celebrar banquetes por turno, en casa de cada uno de ellos, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Una vez terminados los días de esos banquetes, Job los mandaba a llamar para purificarlos; se levantaba muy temprano y ofrecía sacrificios por cada uno de ellos, pues decía: Puede que mis hijos hayan pecado y ofendido a Dios en su corazón[ii].

El siervo bíblico de nombre Job indudablemente es un hombre próspero. Su prosperidad personal y material no está divorciada del profundo agradecimiento a quién lo ha proveído de toda su riqueza: Yavé. La afirmación de que Job “teme” a Dios es una figura que, desde mi punto de vista, se debate entre una concepción errada, de un Dios temible y la falta de recursos por parte del autor, puesto que el Dios del antiguo testamento, por alguna razón que se debe discernir, es presentado como un justiciero, retrato totalmente alejado de la realidad. Job es la transposición de nosotros mismos, esto es, le permuta ineludible del ser humano hacia lo que Dios espera de sus súbditos: un profundo y constante agradecimiento por todas las riquezas brindadas. Hace poco, uno de mis queridos hermanos, Luis Manuel Ramírez, me hizo llegar la imagen de una persona que pedía constantemente que su cruz fuera reducida en su longitud, lo cual, conlleva reducirla en peso. Dios le permitió en las ocasiones que lo demandó, disminuir la carga. A medida que esta persona cargaba su cruz y quitaba partes de ella, su camino se hizo fácil, teniendo hasta la oportunidad de ir canturreando durante el trayecto. Al final, se encontró frente a un barranco. Todos los que cargaron inmutables su cruz, la utilizaron para pasar del otro lado. Este ser humano se quedo al borde del barranco.

La prosperidad para muchos de nosotros, hoy día, es tener una abultada cuenta de banco, una extensa y bella propiedad, habitar una casa con todas las comodidades, coches a la disposición de los hijos, del esposo o esposa, una disfrutables vacaciones en un destino cotizado, ropa y zapatos finos, perfumes cuyo costo podrían alimentar por semanas a una familia indigente, renombre público por los logros laborales, que los demás inclinen sus cabezas ante nosotros y hasta recibir cierta adulación. Ese bienestar está bien. Quién diga que no, corre el riesgo de ser catalogado de muchas formas. Cuántos de nosotros, agradecemos a Dios por la fortuna que vivimos? Quizás muchos o acaso algunos. Cuántos de nosotros invitamos a las tres hermanas a comer y beber con nosotros? La enseñanza ubica con precisión la condición de la mujer en esos entonces. Algunas de las imágenes de mujeres en el Antiguo Testamento destacan por un modelo de sumisión, subordinación y exclusividad jerárquica del hombre. No perder de vista que el autor bíblico está condicionado intrínsecamente por la historia y reflejan los vaivenes de su cultura y la época. Esas tres hermanas, hoy día, fácilmente pueden ser todas esas personas que por una u otra razón no gozan de la bondad que muchos o pocos de nosotros experimentamos a diario. Cuántos de nosotros compartimos la mesa con seres, que desde nuestros propios puntos de vista, no están a la altura de nosotros? Las arengas dicen que los cristianos no somos clasistas. Qué opinas tú hermano?

Job, luego de cada banquete, convocaba a sus hijos para un proceso de purificación, por si habían cometido una falta, supongo consciente o inconscientemente. El Dios que podemos conocer esta tras el rostro de las personas con las cuales nos relacionamos y la ofensa es solamente la desatención por los hábitos más fraternales hacia aquellos que queremos y nos quieren. Antes de verter un agravio contra un semejante, debemos detenernos y auscultar nuestro corazón y ahí encontraremos la luz que nos hará recordar las innumerables humillaciones recibidas por Jesús durante su apostolado y culminaron con una de las muertes más ofensivas, sangrientas, violentas y deshumanas conocidas en la historia moderna. El ignominioso flagelo del hambre y desnutrición que reciben miles de niños Jesús en todo el mundo ante nuestra pávida complacencia y falta de interés, es una variante de la variable con la cual hasta inconscientemente ofendemos la voluntad de Dios. Los cristianos pasivos que oran detrás de los cristales polarizados de sus lujosos coches no tienen conciencia aún que uno de los caballos del Apocalipsis ya cabalga fastuosamente por las calles de nuestras modernas ciudades. La purificación es un proceso por el cual, comunicándonos con Dios mediante la oración, recibimos la potestad para solidarizarnos desde una acción comprometida con el que no tiene un mendrugo de pan para saciar su hambre de la semana pasada.

Un día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse ante Yavé, apareció también entre ellos Satán[iii].

Tengo mi propia opinión respeto al tema de Satanás, qué procuraré dilucidar durante el transcurso de la última etapa de esta aportación. La creencia popular sobre Satanás semeja un arcoíris. Es un tema variopinto, de diversos matices. Desde niños nuestra cultura occidental vaticanizada nos planta en este ser la personificación del mal y el símbolo de eterno rival de Dios. Las Sagradas Escrituras definen a esta entelequia como un ser angélico caído de su posición en el cielo por oponerse al plan de Dios para la humanidad[iv],[v],[vi],[vii],[viii]. Su vanidad e inmodestia condujo a este ángel a su caída. Por ello, Dios echó a Satanás del Reino de los Cielos. Luego así, bíblicamente, se convirtió en el líder de las huestes y potestades que antagonizan con Dios[ix],[x],[xi],[xii],[xiii],[xiv],[xv],[xvi]. Según muchos exégetas este ángel caído aún busca elevar su trono sobre el de Dios. Sin embargo, en las Sagradas Escrituras leemos que el destino de Satanás está sellado con una eternidad en el lago de fuego[xvii].

Para concluir mi contribución, eran necesarios y justificados estos antecedentes bíblicos. El modelo del mal con el que hoy lidiamos se aproxima siempre a las metáforas que hallamos en las Sagradas Escrituras aún cuando éstas alegorías o símbolos distan mucho de ser solamente eso. Toda aquella filosofía, teología e incluso alguna novedosa metafísica que infrinjan los propósitos y designios de Dios, sorprendentemente tienen la capacidad de reconstruirse, de transformarse en detrimento y menoscabo de éstos. El amo de la perversidad viste de ropajes llamativos y hasta alucinantes para robar la atención, seduce con su otrora belleza y con el encanto de su inacabable fuente de falsedades. Temo que su principal objetivo siguen siendo nuestros amados jóvenes. Reclutarlos, adoctrinarlos y enviarlos al mundo a llevar a cabo perfidias, corrupciones, perversidades e iniquidades es su procedimiento para escalar peldaños en pos de la conquista de su único objetivo: el Trono de Dios. Yo siento en mi corazón que debemos darle las herramientas a la juventud para poder combatir esta amenaza, que basta ver lo que está sucediendo a nuestros alrededores para concluir que no es una fanfarronada.

Amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, sigue siendo el edicto por excelencia, la suprema disposición, la prescripción de Dios. Me deleitó imaginando la figura de un Padre infinitamente amoroso guiando y enseñando a sus hijos a amarse, a amarse a pesar de la vastedad de puntos de desencuentro que puedan existir, y que el único estado de conciliación y encuentro sea Él. Debemos invitar a los jóvenes y a toda persona a tener la oportunidad de amar a Dios. Una interesante opción es llevar la experiencia de Job a un ejercicio pleno de nuestro cristianismo, agradeciendo diariamente por todos los acontecimientos en los cuáles no intervenimos directamente y llenar nuestro espíritu de gratitud por inmiscuirnos en los sucesos que procuren beneficios para nuestros hermanos. La gratitud al Creador indiscutiblemente pasa por el tamiz de nuestra propia redención.

La exoneración del mal es un ciclo que inicia al reconocer que necesitamos regresar al Padre y emprender nuestra reedificación para luego abrazar a nuestro hermano necesitado y proseguir hasta alcanzar el objetivo de librar a la humanidad de sus peores amenazas. El objetivo es alcanzar el estado espiritual que revolotea en el Espíritu de Dios para la humanidad. Pero para ello, los llamados a fraternizar y compartir el llamado no exhiben poses que acusen arrogancia y vanidad, no manifiestan logros como personales ni exteriorizan ser acreedores de gloria. El engreimiento, jactancia y soberbia son atributos de los hijos del ángel caído.

La espiritualidad es un estado de libre acceso. Es una puerta amplia y siempre abierta cuyo único requisito de ingreso es desear acceder. La espiritualidad no es una dádiva que líder religioso alguno pueda arrogarse como exclusiva de él. Tampoco hay dogma alguno que permita detentar este estado de relación con Dios. Las doctrinas se sostienen en un cuerpo de enseñanzas basadas en un sistema de creencias o por los preceptos de un líder religioso seudounguido y la mayoría de las veces, ni la doctrina ni el líder admiten réplicas. No hay pruebas de veracidad.

El Dios que conozco en sus escrituras no adoctrina. El adoctrinamiento es la enseñanza o educación inculcando determinadas ideas o creencias. Las Sagradas Escrituras no infiltran a nuestro cerebro procedimientos y procederes preconcebidos ni que vayan en contra de nuestro estado consciente. El sugestionamiento y los influjos, la carismanía, la pérdida del conocimiento y sabe cuántas más no se enlistan entre los productos del Espíritu Santo. Jesús durante su proceso de muerte en la cruz nunca estuvo poseído por ningún comportamiento alejado a su proceder habitual. Oraba a su Padre, siempre estuvo orándole a su Padre y en su lengua natal, el arameo.

Hermanos todos, la enseñanza de Job es importante para el que quiera leerla y tomar instrucción de ella para su comportamiento personal. Agradecer lo bueno y lo malo debe llenarnos de paz y alejarnos de los conflictos existenciales que muchos experimentamos. La prosperidad debe llegar a la par de la virtud de ser generosos. La práctica de nuestra Fé cristiana debe tener un eco en nuestra sociedad, un efecto visible, no solo en los desposeídos, en toda la humanidad. El ángel caído es el maestro del disfraz y anda tras nuestros jóvenes. Su batalla contra Dios está lejos de concluir. Y ser espirituales es llevar a una práctica consecuente, sensata, reflexiva, juiciosa y prudente el amar a Dios sobre todas las cosas y a tú prójimo como a nosotros mismos.

Juan Espinoza Cuadra
Enero 14, 2009
México

रेफरेन्सेस
[i] http://es.wikipedia.org/wiki/Libro_de_Job
[ii] Job 1: 1-15
[iii] Job 1:6
[iv] Isaías 14:12
[v] Ezequiel 28:12-14
[vi] Isaías 14: 13-14
[vii] Ezequiel 28:15
[viii] 1 Timoteo 3:6
[ix] Juan 12:31
[x] 2 Corintios 4:4
[xi] Efesios 2:2
[xii] Apocalipsis 12:10
[xiii] Mateo 4:3
[xiv] 1 Tesalonicenses 3:5
[xv] Génesis 3:2
[xvi] Apocalipsis 20:3
[xvii] Apocalipsis 20:10

martes, 13 de enero de 2009

Porqué iniciar un blog de intercambio cristiano?


Reciba, quién ahora lee, un fraternal saludo de su servidor y amigo. Hace poco, uno de mis más queridos amigos y hermano en la Fé cristiana desde hace más de 20 años, Waldemar Centeno Díaz, me mando leer unos versículos de las Santas Escrituras. Esa orientación lejos de provocar alguna reacción en mí, me confirmó muchas cosas, pero la más importante: el llamado a ser obreros en el Reino de Dios y la vocación de servicio por nuestros hermanos en muchos de nosotros aún sigue ahí, viva e incólume, a pesar de tantos años transcurridos e independientemente del rumbo por el que la vida nos ha llevado.

He podido constatar que existen muchas dudas y muchos recelos, entre muchos de los que yo considero mis hermanos en la experiencia HDD. Lo anormal sería que no los existiesen, dada nuestra condición de seres pensantes, reflexivos, analíticos. Hoy, está muy lejos, en el tiempo, la etapa juvenil en la cual muchos de nosotros fuimos convocados. Hoy somos adultos, con ocupaciones muy específicas, con familia e hijos. Viviendo muchos no en Nicaragua. Es decir, se concluye fácilmente que las premisas para retomar el proyecto Hijos de Dios desde sus percepciones iníciales es, sencillamente, una utopía. De ello estamos convencidos todos.

Por otro lado, la práctica individual o hasta familiar de nuestra Fé cristiana se ha transformado inevitablemente. El crecimiento natural, cronológico de cada uno de nosotros, ha conllevado inobjetablemente una transformación de nuestra visión y ejercicio de los hábitos adquiridos en las primeras etapas de convivencia cristiana. Sin duda, el testimonio se lleva a cabo en nuestros hogares, con la esposa (o) e hijos, si así fuese el caso, para los que hemos optado por el sacramento del matrimonio y los que aún no, en los hogares, extensivo al lugar de trabajo. O en el peor de los casos, se ha metido en el congelador el llamado de Jesús para un mejor momento. Definitivamente, tenemos la libertad de la selección múltiple.

Pero a mí, personalmente me inquieta el desenvolvimiento de la sociedad de la cuál somos parte. Cuando nació mi primer hijo, yo estaba demasiado joven aún y mi tiempo lo ocupaba enteramente mi profesión de Profesor Universitario y los vericuetos de mi primer matrimonio. El divorcio me dejo dos hijos más y una indiscutible obsesión por mi trabajo. Quiero insistir en que aún mis tres primeros hijos estaban demasiadamente chicos. Luego, la oportunidad de un Master in Science y un PhD se convirtió en mi segundo matrimonio y un hijo más y radicar definitivamente en un hermoso y bello país. Mi hogar: México. Ahora, mis hijos son ya adolescentes y el menor se enrumba hacia su adolescencia. Es decir, las preocupaciones por la incidencias de la juventud actual, en la que están creciendo mis hijos, han aflorado en el rostro de cada uno de ellos.

La sociedad en su interminable desarrollo trae consigo consecuencias, sea nicaragüense, mexicana o estadunidense, muchas veces inevitables, como lo son: la pornografía en todas sus facetas y de acceso ilimitado por la web; el libre acceso a drogas cada vez más enajenantes y destructivas; la exposición a grupos radicales y militantes que trafican estupefacientes y reclutan a jóvenes cada vez de menor edad para incitarlos a la adicción y al comercio; la incitación al consumo desmedido de alcohol desde la televisión, desde las revistas, desde el cine, desde todas las ventanas mediáticas a las que podemos acceder; la provocación mediática por el sexo irresponsable, vano, de indudables connotaciones de pura y explicita satisfacción; la invitación plena a adherirse a filosofías que procurar desmitificar los principios cristianos y rendir culto a ideologías que no tienen fundamento de ningún tipo. Ustedes y sus familias, yo y mi familia, estamos conviviendo entre los flujos encontrados de este violento tsunami que en algún momento se llevará entre su enardecida y alocada marejada a alguno de los nuestros o a alguno de nosotros, inclusive.

¿Qué hacemos los cristianos para combatir a los enemigos que atentan contra nuestra Sociedad? Probablemente muchos responderemos que esos son temas de la agenda de los gobiernos y que la inseguridad que hoy vivimos es consecuencia de la corrupción que padecen todos los estratos de la misma sociedad, incluida la cristiandad. Y yo respondería: saben qué… tienen razón… eso es competencia de todo eso que ustedes enumeran. Y volvería a preguntar: ¿Y qué haremos cuando muera por alguna de las razones enlistadas anteriormente un hijo, un amigo, un hermano, o un padre de familia? La verdad, no tengo respuesta para esa interrogante. Lo que si tengo es una inquietud creciente en que algo debo hacer.

Hoy estoy convencido que los principios cristianos han servido de fundamentos racionales para la mayoría de toma de decisiones por las que he optado a lo largo de mi vida. Esta toma de decisiones, en la mayoría de las ocasiones, han sido acompañadas de una oración dirigida a Dios, confiando en colocar en sus manos y en su voluntad, sus designios para mi vida. He procurado conducirme mediante las orientaciones que nos da el testimonio de Jesús y las Santas Escrituras, a leer como se condujeron otros Hijos de Dios, como Noé. La enseñanza del Hijo Prodigo ha sido una meditación constante, permanente, reflexiva de la cual me he asido siempre.

Estoy más que convencido que la lectura de las Sagradas Escrituras, su discernimiento y su adecuación a la vida de cada hombre, mujer, adolescente y niño, lejos de convertirlos en un adefesio religioso, procurará una transformación irreversible a lo largo de sus respectivas vidas. Es una enseñanza que nos confiere la virtud de estar conscientes de la existencia de un Ser Supremo y de cómo ha actuado a lo largo de la historia del género humano procurando se interrelacioné con amor. En las Sagradas Escrituras no he encontrado magia alguna y si acontecimientos que escapan a mi entendimiento de hoy.

La oración, desde mi propia percepción y experiencia, es una herramienta que Dios nos ha puesto a disposición para encontrarnos y encontrarlo a Él en nosotros mismos. Es un vehículo tangible desde el cual podemos participar de todas nuestras incumbencias y ventilarlas desde nuestras propias proyecciones y transferirlas hacia la vastedad, ahí donde esta Dios para escucharnos. El conocimiento que tenga de mi mismo desde la oración es la mejor manera que he encontrado para conocer al Ser Supremo que habita en cada partícula subatómica de la materia. Al cerrar mis ojos y dirigirme al Padre, desde palabras tan sencillas como: “Dios, acá esta tu siervo, dándote gracias por todo, y por todos, por todo lo bueno y por todo lo malo”, se genera un vínculo real que se desarrolla en total libertad en beneficio de mi propia comunicación con Él. Son mis momentos de reflexión, de discernimiento, de meditación. Por eso es que la oración es un regalo de Dios. Porque todas mis debilidades, carencias, interrogantes, súplicas y temores sucumben ante mi conocimiento, razonamiento y convencimiento de que me escucha un ser vivo.

Entonces, la lectura, discernimiento y testimonio de las Sagradas Escrituras, apoyadas por la oración, son las herramientas con las cuáles podemos transformar nuestra sociedad al enseñarles a nuestros jóvenes y a los adultos, desde la ortodoxia hasta lo vanguardista, que Dios tiene una filosofía para la vida de sus Hijos, un Procedimiento para una vida plena y está ahí, a la mano en el Manual del Fabricante: la Biblia.

Juan Espinoza Cuadra
Enero 13, 2009
México.

Mis comentarios respecto a la iniciativa de formación de la Comunidad Cibernética “Hijos de Dios”


Se intuye lejano, hasta distante, aquel entusiasmo juvenil emanado por un grupo de jóvenes provenientes principalmente de los colegios Pedagógico “La Salle” y Teresiano por agruparse para alabar a Dios en el remoto año de 1983 luego de los respectivos retiros espirituales de finales de 1982 dirigidos por líderes de los movimientos cristianos “Cursillos de Cristiandad” y “Casa de Dios”. La juventud de entonces discurría entre la novedad de convivir dentro de un proyecto político de un gobierno de izquierda, con sus dogmáticos discursos de reclutamiento ideológico para la adolescencia, extensivo a la totalidad de la población nicaragüense y la convivencia con los vicios y hábitos de la época, comunes de una sociedad progresivamente neoliberal, dirigida por el depuesto Presidente Anastasio Somoza Debayle. Entre las fiestas de cada fin de semana, las abundantes ingestas de alcohol, la práctica desmedida de un sexo irresponsable y hormonalmente justificado para muchos de entonces y para muchos, incluso hoy, la amenaza y angustia de los adolescentes a ser convocados al Servicio Militar Obligatorio, no Patriótico, y que derivó en mezclar elíxeres embriagantes con novedosas drogas y las antiguas, la juventud se encontró sin asidero alguno, desprotegida, pérdida, sin dirección y la espiritualidad llegó a ser un término discriminatorio, perseguido por el apologético abrazo a una filosofía que no solo ponía en duda sino que negaba la libertad de creer en Dios. En este escenario, caótico, relevantemente peligroso a las creencias y prácticas cristianas, un grupo de jóvenes recibió de parte de un grupo de adultos cristianos, información para ser analizada para que cada uno pudiera decidir, de ahí en adelante, qué camino tomar. Sin ningún tipo de imposición fue delineada la realidad entre lo que la juventud podía experimentar con y sin el conocimiento de las orientaciones de Dios. La decisión que tomo cada uno, en aquella ocasión, fue personal.

Ese retiro espiritual dejo un primer grupo, el grupo de Convivencia, integrado originalmente por 5 miembros: Fidel Mayorga, Roberto Prado, Iván Mendieta, Waldemar Centeno Díaz y Juan Espinoza Cuadra[i]. Luego, debido a razones que escapan a la memoria, este grupo se amplió a 10, integrándose José Valenti García, Hans Ramírez Salgado, Carlos Goldman, Carlos Jiménez Salmerón y Mario Sánchez López. Se integró un grupo femenil, conformado por: Carmen Peter, Melba Aviles, Elsa Conrado y Reyna Martínez. Luego del éxtasis, regresando a la realidad de cada uno, se experimentó una profunda necesidad que no satisfacían las Ultreyas de cada Lunes ni las visitas al Santísimo de cada Jueves ni el Ágape Dominical ni las reuniones del grupo de Convivencia semanales. Se realizaron sesiones de oración en cada hogar de los integrantes de este grupo pionero, pidiendo entre muchas cosas, por la situación de Nicaragua como Nación ante la ya declarada amenaza de enviar a su juventud a los campos de batalla y por el discernimiento de la inquietud que laceraba el corazón de cada uno de los miembros. Nicaragua estaba en una guerra no declarada y su riqueza ya estaba siendo sacrificada. El proyecto de la Comunidad Cristiana “Hijos de Dios” se expuso en el grupo de Convivencia una noche de Julio de 1983 en la casa de José Valenti García. Esa noche, conocida como la noche de “mango es mango” inició CCHDD. Yo no estuve presente en ese momento. Me encontraba estudiando en la hermana República de Honduras. A mi regresó a Nicaragua proseguí mi culto a Baco hábito reanudado durante mis estudios en el Zamorano. Era demasiado joven y peor aún, no estaba convencido de la experiencia cristiana que recientemente había vivido y mi corazón aún estaba lleno de odio y resentimiento por el asesinato de mi padre. Una noche de sábado me encontré en una profunda crisis, alcohólica por supuesto. Fuera del local de esa enésima parranda, uno de mis hermanos, uno de los más queridos que la vida me ha dado, José Valenti García, se acercó y sin reclamo alguno y sin juicios y señalamientos de ningún tipo, me escuchó. Fue una escena terrible, un joven enardecido, lanzando golpes de furia contra todo y todos, maldiciendo y objetando a la vida. Rompí el cristal delantero del coche de mi hermano, de un golpe indolente por mi estado de embriaguez, rústico, deplorable, condenable. Esperé una respuesta agresiva de José ante mi reprobable conducta y recibí un abrazo. José Valenti García, hoy estoy convencido que tú fuiste utilizado aquella noche para mi reencuentro con Dios. Gracias.

Fui invitado a reintegrarme a mi original grupo, pero ahora, con un objetivo bastante aproximado a conformarnos como un cuerpo, en sus dimensiones correspondientes, es decir, un movimiento juvenil cristiano. Recuerdo que fue en una de las aulas del Colegio Teresiano. Al inicio me sentí confundido, ajeno. El recibimiento fue afectivo, hermanable, cariñoso. Regresaba una de las ovejas a su redil. No fue fácil. Los jóvenes somos algunas veces celosos, crueles y algunos hermanos como que no les cabía aún que luego de mi pública exhibición de divorcio de mis principios cristianos, pudiera nuevamente estar conviviendo con ellos. Esas experiencias posteriormente serían fundamentos sobre los cuáles girarían las enseñanzas en la ya fundada Comunidad Cristiana Juvenil “Hijos de Dios”.

Los inicios de la Comunidad “Hijos de Dios” no fue fácil. Todos nos sentíamos ungidos por el Espíritu Santo y deseábamos conducirnos individualmente y dirigir personalmente a todos. La organización fue una tarea donde las posiciones de cada uno tuvo que ser postergada por el objetivo claro de conformarnos como un cuerpo de culto a Dios y vivir cada uno su propia experiencia extrapolada hacia el testimonio para los hermanos. Comparte Waldemar Centeno Díaz: “La tarde del 29 de Diciembre de 1983, estábamos varias personas en la terraza de mi casa (Altamira D’Este, Managua) y ahí los asistentes eligieron a José Valenti, Mario Sánchez y a mí como los dirigentes del proyecto. La segunda reunión de CCHDD fue en el auditorio del Colegio Teresiano y ahí se integro Emilio Mayorga y su esposa Lorena. Varias reuniones después fue que vos (Juan Espinoza Cuadra) te integraste, y éramos solamente los cuatro (4), Mario Sánchez, Jose Valenti, Juan Espinoza Cuadra y yo. El resto… es historia”.


El Padre Eddy Montenegro, párroco de la Iglesia del Reparto San Juan fue un actor decisivo al proveernos el anexo de la parroquia para nuestras reuniones sabatinas por la tarde. No sé cuántos miembros aproximadamente éramos cuando nos trasladamos. Y la estructuración prosiguió y dividimos las responsabilidades de la dirigencia, amparándonos en la escritura biblíca: Inicialmente solo fue el Ministerio de Maestría, que se dedicaba a la enseñanza y fue lo primero que se hizo. Posteriormente se crearon los Ministerios de: Apóstoles, de Oración, y de Profecía. Según relata Waldemar Centeno Díaz en la actualidad, posteriormente el Ministerio de Profecía fue rebautizado como Ministerio de Intercesión.

Luego de ello, la sospecha se hizo realidad y muchos de nosotros fuimos llamados al Servicio Militar Obligatorio y la dirigencia fue trastocada. Muchos otros optaron por salir de Nicaragua. Se hicieron readecuaciones y la CCHDD siguió adelante, pues testimonialmente, era un Proyecto de Dios, no de ninguno de nosotros. El Plan de Dios prosiguió y muchos de los que habíamos dirigido o pertenecido a la CCHDD ya no encontramos cabida dentro del proyecto. Aparentemente otros sí. Pero la semilla ya había sido sembrada. Lo importante de esto es que habíamos aceptado ser los instrumentos de un proyecto novedoso, inusual, vanguardista y sobre todo, renovador para la juventud cristiana nicaragüense. Y cada uno acepto el papel encomendado en su oportuno momento.

Hoy, con muchos años pasados bajo del inmenso puente de la vida, estoy convencido de tener un profundo cariño, respeto y admiración por cada uno de los hermanos que convivieron conmigo en esa titánica responsabilidad. Y hoy, independientemente de la relación personal con Dios de cada uno de aquellos y de los de hoy, la vasija de barro cubierta de polvo de estrellas que Dios nos encomendó, con las siglas en uno de sus lados: CCHDD, sigue vigente, transformada, inacabada, viva en su interminable metamorfosis y tocando a la puerta del corazón de cada uno de nosotros. Hace años atrás Dios plantó en mis hermanos y en mi, el sueño de un movimiento internacional que acogiera a una comunidad juvenil dispuesta a servir sin condicionamientos al Plan de Dios. El término “juvenil” ya puede quedar de lado, porque esa primer dirigencia rebasa ya los 40 años de edad. En el año 1983, la mayoría de nosotros teníamos 18-20 años de edad. El sueño en mí sigue vigente como el llamado que recibí hace ya más de 20 años.

La iniciativa de Karolina Vélez me llama la atención por más que no quiero que suceda y que no lo quiera comentar. Más no pondré atención a lo que trató infructuosamente de evitar y acá estoy, ordenando mis pensamientos y comentándolos y queriendo compartirlos con ustedes. Pero antes de proseguir, es llamativo también que Eduardo Idiáquez, un hermano muy querido, con una impresionante estatura espiritual, secunde la iniciativa. En el edificio espiritual con el que Dios diseña su obra, el descensor de sus deseos viaja por varias etapas de arriba hacia abajo, hacia la quietud y sosiego del fundamento de su estructura. No a la inversa. Debido a ello, a la perfecta concepción de Dios es que se han edificado monumentales proyectos de vida para la obra más perfecta de sus manos: nosotros. Hay que estar al pendiente del comportamiento del descensor, es decir, si sigue hacia abajo o se detiene. Si continúa hacia abajo lo hará mediante la oración y meditación de aquellos llamados a involucrarse hasta que llegué a la base. Y si se detiene, habrá sido una manifestación más de la voluntad de sus hijos por involucrarse en su obra, pero sin la orientación del Espíritu Santo. Me preguntó: será esta la inquietud que se expresó muchos años atrás en cuanto a la internacionalización de la experiencia HDD?

Por otro lado, me interrogó nuevamente: Cuál podría ser el objetivo inicial para fundar una eventual Comunidad Cristiana HHD virtual, es decir, una CCHDDV? Provocar adhesión inmediata de aquellos que fueron miembros o extensivamente aquellos que aún son miembros. Algunos podrán preguntarse: Para qué? Respuestas pueden abundar, desde las más aterrizadas hasta las más descabelladas. Yo tengo mi respuesta personal la cual, en esta ocasión omitiré. Eso no quiere decir este en contra de la iniciativa. No. De ningún modo. Más bien quiero darme la oportunidad a escuchar lo que opina Dios al respecto.

Estoy en la etapa de consultas, interrelacionándome con algunos de mis hermanos de la comunidad. Quiero aclarar que la Comunidad de los Hijos de Dios, no es solamente el órgano estructurado que fundamos en el 1983 y que hoy persiste. No. La Comunidad de los Hijos de Dios, es el pueblo de Dios que teniendo Fé que Jesús es su Hijo y que su Espíritu Santo se albergó en nosotros para siempre, vive la vida a través del testimonio de las enseñanzas y vida de Jesús. Qué sigue escrudiñando la voluntad de Dios por la inspiración dada al hombre a través de las Santas Escrituras. Los HDD no son una marca registrada como se hace con un refresco de cola y que solo se tiene acceso a ella mediante una franquicia.

No soy franquicitario. Ejerzo públicamente mi libre ejercicio a ser cristiano y mi insubordinada práctica como Hijo de Dios.

Retomando el punto, luego de la aclaración, he encontrado en ellos una abierta disposición a aguardar con paciencia la manifestación inequívoca de Dios en este acontecimiento. Me alegra comprobar que los fundamentos para nuestra formación siguen intactos y eso me hace constatar que Dios sigue dentro de cada uno de estos fieles obreros. Cada uno es un líder. Entonces, el propósito de Dios se cumplió en ellos.

Insisto, es una buena idea, original. Pero si queremos edificarla en nombre de Dios, esperemos a que sea Él que nos orienté y confirmé esta nueva construcción.

“Dios es grande, omnipotente y omnisciente”


Juan Espinoza Cuadra
Oaxaca, México
Enero 8, 2009
[i] Aportación histórica de Waldemar Centeno Díaz.