martes, 13 de enero de 2009

Mis comentarios respecto a la iniciativa de formación de la Comunidad Cibernética “Hijos de Dios”


Se intuye lejano, hasta distante, aquel entusiasmo juvenil emanado por un grupo de jóvenes provenientes principalmente de los colegios Pedagógico “La Salle” y Teresiano por agruparse para alabar a Dios en el remoto año de 1983 luego de los respectivos retiros espirituales de finales de 1982 dirigidos por líderes de los movimientos cristianos “Cursillos de Cristiandad” y “Casa de Dios”. La juventud de entonces discurría entre la novedad de convivir dentro de un proyecto político de un gobierno de izquierda, con sus dogmáticos discursos de reclutamiento ideológico para la adolescencia, extensivo a la totalidad de la población nicaragüense y la convivencia con los vicios y hábitos de la época, comunes de una sociedad progresivamente neoliberal, dirigida por el depuesto Presidente Anastasio Somoza Debayle. Entre las fiestas de cada fin de semana, las abundantes ingestas de alcohol, la práctica desmedida de un sexo irresponsable y hormonalmente justificado para muchos de entonces y para muchos, incluso hoy, la amenaza y angustia de los adolescentes a ser convocados al Servicio Militar Obligatorio, no Patriótico, y que derivó en mezclar elíxeres embriagantes con novedosas drogas y las antiguas, la juventud se encontró sin asidero alguno, desprotegida, pérdida, sin dirección y la espiritualidad llegó a ser un término discriminatorio, perseguido por el apologético abrazo a una filosofía que no solo ponía en duda sino que negaba la libertad de creer en Dios. En este escenario, caótico, relevantemente peligroso a las creencias y prácticas cristianas, un grupo de jóvenes recibió de parte de un grupo de adultos cristianos, información para ser analizada para que cada uno pudiera decidir, de ahí en adelante, qué camino tomar. Sin ningún tipo de imposición fue delineada la realidad entre lo que la juventud podía experimentar con y sin el conocimiento de las orientaciones de Dios. La decisión que tomo cada uno, en aquella ocasión, fue personal.

Ese retiro espiritual dejo un primer grupo, el grupo de Convivencia, integrado originalmente por 5 miembros: Fidel Mayorga, Roberto Prado, Iván Mendieta, Waldemar Centeno Díaz y Juan Espinoza Cuadra[i]. Luego, debido a razones que escapan a la memoria, este grupo se amplió a 10, integrándose José Valenti García, Hans Ramírez Salgado, Carlos Goldman, Carlos Jiménez Salmerón y Mario Sánchez López. Se integró un grupo femenil, conformado por: Carmen Peter, Melba Aviles, Elsa Conrado y Reyna Martínez. Luego del éxtasis, regresando a la realidad de cada uno, se experimentó una profunda necesidad que no satisfacían las Ultreyas de cada Lunes ni las visitas al Santísimo de cada Jueves ni el Ágape Dominical ni las reuniones del grupo de Convivencia semanales. Se realizaron sesiones de oración en cada hogar de los integrantes de este grupo pionero, pidiendo entre muchas cosas, por la situación de Nicaragua como Nación ante la ya declarada amenaza de enviar a su juventud a los campos de batalla y por el discernimiento de la inquietud que laceraba el corazón de cada uno de los miembros. Nicaragua estaba en una guerra no declarada y su riqueza ya estaba siendo sacrificada. El proyecto de la Comunidad Cristiana “Hijos de Dios” se expuso en el grupo de Convivencia una noche de Julio de 1983 en la casa de José Valenti García. Esa noche, conocida como la noche de “mango es mango” inició CCHDD. Yo no estuve presente en ese momento. Me encontraba estudiando en la hermana República de Honduras. A mi regresó a Nicaragua proseguí mi culto a Baco hábito reanudado durante mis estudios en el Zamorano. Era demasiado joven y peor aún, no estaba convencido de la experiencia cristiana que recientemente había vivido y mi corazón aún estaba lleno de odio y resentimiento por el asesinato de mi padre. Una noche de sábado me encontré en una profunda crisis, alcohólica por supuesto. Fuera del local de esa enésima parranda, uno de mis hermanos, uno de los más queridos que la vida me ha dado, José Valenti García, se acercó y sin reclamo alguno y sin juicios y señalamientos de ningún tipo, me escuchó. Fue una escena terrible, un joven enardecido, lanzando golpes de furia contra todo y todos, maldiciendo y objetando a la vida. Rompí el cristal delantero del coche de mi hermano, de un golpe indolente por mi estado de embriaguez, rústico, deplorable, condenable. Esperé una respuesta agresiva de José ante mi reprobable conducta y recibí un abrazo. José Valenti García, hoy estoy convencido que tú fuiste utilizado aquella noche para mi reencuentro con Dios. Gracias.

Fui invitado a reintegrarme a mi original grupo, pero ahora, con un objetivo bastante aproximado a conformarnos como un cuerpo, en sus dimensiones correspondientes, es decir, un movimiento juvenil cristiano. Recuerdo que fue en una de las aulas del Colegio Teresiano. Al inicio me sentí confundido, ajeno. El recibimiento fue afectivo, hermanable, cariñoso. Regresaba una de las ovejas a su redil. No fue fácil. Los jóvenes somos algunas veces celosos, crueles y algunos hermanos como que no les cabía aún que luego de mi pública exhibición de divorcio de mis principios cristianos, pudiera nuevamente estar conviviendo con ellos. Esas experiencias posteriormente serían fundamentos sobre los cuáles girarían las enseñanzas en la ya fundada Comunidad Cristiana Juvenil “Hijos de Dios”.

Los inicios de la Comunidad “Hijos de Dios” no fue fácil. Todos nos sentíamos ungidos por el Espíritu Santo y deseábamos conducirnos individualmente y dirigir personalmente a todos. La organización fue una tarea donde las posiciones de cada uno tuvo que ser postergada por el objetivo claro de conformarnos como un cuerpo de culto a Dios y vivir cada uno su propia experiencia extrapolada hacia el testimonio para los hermanos. Comparte Waldemar Centeno Díaz: “La tarde del 29 de Diciembre de 1983, estábamos varias personas en la terraza de mi casa (Altamira D’Este, Managua) y ahí los asistentes eligieron a José Valenti, Mario Sánchez y a mí como los dirigentes del proyecto. La segunda reunión de CCHDD fue en el auditorio del Colegio Teresiano y ahí se integro Emilio Mayorga y su esposa Lorena. Varias reuniones después fue que vos (Juan Espinoza Cuadra) te integraste, y éramos solamente los cuatro (4), Mario Sánchez, Jose Valenti, Juan Espinoza Cuadra y yo. El resto… es historia”.


El Padre Eddy Montenegro, párroco de la Iglesia del Reparto San Juan fue un actor decisivo al proveernos el anexo de la parroquia para nuestras reuniones sabatinas por la tarde. No sé cuántos miembros aproximadamente éramos cuando nos trasladamos. Y la estructuración prosiguió y dividimos las responsabilidades de la dirigencia, amparándonos en la escritura biblíca: Inicialmente solo fue el Ministerio de Maestría, que se dedicaba a la enseñanza y fue lo primero que se hizo. Posteriormente se crearon los Ministerios de: Apóstoles, de Oración, y de Profecía. Según relata Waldemar Centeno Díaz en la actualidad, posteriormente el Ministerio de Profecía fue rebautizado como Ministerio de Intercesión.

Luego de ello, la sospecha se hizo realidad y muchos de nosotros fuimos llamados al Servicio Militar Obligatorio y la dirigencia fue trastocada. Muchos otros optaron por salir de Nicaragua. Se hicieron readecuaciones y la CCHDD siguió adelante, pues testimonialmente, era un Proyecto de Dios, no de ninguno de nosotros. El Plan de Dios prosiguió y muchos de los que habíamos dirigido o pertenecido a la CCHDD ya no encontramos cabida dentro del proyecto. Aparentemente otros sí. Pero la semilla ya había sido sembrada. Lo importante de esto es que habíamos aceptado ser los instrumentos de un proyecto novedoso, inusual, vanguardista y sobre todo, renovador para la juventud cristiana nicaragüense. Y cada uno acepto el papel encomendado en su oportuno momento.

Hoy, con muchos años pasados bajo del inmenso puente de la vida, estoy convencido de tener un profundo cariño, respeto y admiración por cada uno de los hermanos que convivieron conmigo en esa titánica responsabilidad. Y hoy, independientemente de la relación personal con Dios de cada uno de aquellos y de los de hoy, la vasija de barro cubierta de polvo de estrellas que Dios nos encomendó, con las siglas en uno de sus lados: CCHDD, sigue vigente, transformada, inacabada, viva en su interminable metamorfosis y tocando a la puerta del corazón de cada uno de nosotros. Hace años atrás Dios plantó en mis hermanos y en mi, el sueño de un movimiento internacional que acogiera a una comunidad juvenil dispuesta a servir sin condicionamientos al Plan de Dios. El término “juvenil” ya puede quedar de lado, porque esa primer dirigencia rebasa ya los 40 años de edad. En el año 1983, la mayoría de nosotros teníamos 18-20 años de edad. El sueño en mí sigue vigente como el llamado que recibí hace ya más de 20 años.

La iniciativa de Karolina Vélez me llama la atención por más que no quiero que suceda y que no lo quiera comentar. Más no pondré atención a lo que trató infructuosamente de evitar y acá estoy, ordenando mis pensamientos y comentándolos y queriendo compartirlos con ustedes. Pero antes de proseguir, es llamativo también que Eduardo Idiáquez, un hermano muy querido, con una impresionante estatura espiritual, secunde la iniciativa. En el edificio espiritual con el que Dios diseña su obra, el descensor de sus deseos viaja por varias etapas de arriba hacia abajo, hacia la quietud y sosiego del fundamento de su estructura. No a la inversa. Debido a ello, a la perfecta concepción de Dios es que se han edificado monumentales proyectos de vida para la obra más perfecta de sus manos: nosotros. Hay que estar al pendiente del comportamiento del descensor, es decir, si sigue hacia abajo o se detiene. Si continúa hacia abajo lo hará mediante la oración y meditación de aquellos llamados a involucrarse hasta que llegué a la base. Y si se detiene, habrá sido una manifestación más de la voluntad de sus hijos por involucrarse en su obra, pero sin la orientación del Espíritu Santo. Me preguntó: será esta la inquietud que se expresó muchos años atrás en cuanto a la internacionalización de la experiencia HDD?

Por otro lado, me interrogó nuevamente: Cuál podría ser el objetivo inicial para fundar una eventual Comunidad Cristiana HHD virtual, es decir, una CCHDDV? Provocar adhesión inmediata de aquellos que fueron miembros o extensivamente aquellos que aún son miembros. Algunos podrán preguntarse: Para qué? Respuestas pueden abundar, desde las más aterrizadas hasta las más descabelladas. Yo tengo mi respuesta personal la cual, en esta ocasión omitiré. Eso no quiere decir este en contra de la iniciativa. No. De ningún modo. Más bien quiero darme la oportunidad a escuchar lo que opina Dios al respecto.

Estoy en la etapa de consultas, interrelacionándome con algunos de mis hermanos de la comunidad. Quiero aclarar que la Comunidad de los Hijos de Dios, no es solamente el órgano estructurado que fundamos en el 1983 y que hoy persiste. No. La Comunidad de los Hijos de Dios, es el pueblo de Dios que teniendo Fé que Jesús es su Hijo y que su Espíritu Santo se albergó en nosotros para siempre, vive la vida a través del testimonio de las enseñanzas y vida de Jesús. Qué sigue escrudiñando la voluntad de Dios por la inspiración dada al hombre a través de las Santas Escrituras. Los HDD no son una marca registrada como se hace con un refresco de cola y que solo se tiene acceso a ella mediante una franquicia.

No soy franquicitario. Ejerzo públicamente mi libre ejercicio a ser cristiano y mi insubordinada práctica como Hijo de Dios.

Retomando el punto, luego de la aclaración, he encontrado en ellos una abierta disposición a aguardar con paciencia la manifestación inequívoca de Dios en este acontecimiento. Me alegra comprobar que los fundamentos para nuestra formación siguen intactos y eso me hace constatar que Dios sigue dentro de cada uno de estos fieles obreros. Cada uno es un líder. Entonces, el propósito de Dios se cumplió en ellos.

Insisto, es una buena idea, original. Pero si queremos edificarla en nombre de Dios, esperemos a que sea Él que nos orienté y confirmé esta nueva construcción.

“Dios es grande, omnipotente y omnisciente”


Juan Espinoza Cuadra
Oaxaca, México
Enero 8, 2009
[i] Aportación histórica de Waldemar Centeno Díaz.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buscando la Web de CCHD Managua (que se me ha extraviado), encontre tu pagina. Reconozco el broche, es de los 25 anos de la Comunidad (aunque el original sigue siendo rojo :) ).

Interesante lo leido, creo que nunca habia escuchado esta historia descrita a tanto detalle, a pesar de que Mario, Emilio y Lorena aun son miembros activos y comprometidos de mi amada Comunidad.

Por ello, quise agradecerte tan rica lectura. Realmente.. me deleite, dentro de un par de dias cumplo, solo por misericordia de mi Senor, 21 anos de mi Encuentro y aun se me hace un nudo en la garganta al escuchar o cantar nuestro Himno: "En un dia, tan especial, Jesus mio tu veniste a mi vida..."

Hoy ese proyecto hermoso de tu relato, tiene presencia en Leon, Matagalpa, Boaco, Chinandega, Carazo, Sebaco, Jinotega y Rivas...

Que Dios y la Madre te bendigan!!

Anónimo dijo...

Un gusto encontrar este blog, muy similar al relato que has hecho es lo que en cada aniversario de las comunidades Hijos de Dios de Nicaragua se lee como resena para no olvidar nuestra raiz. hace ya casi 18 anos que se fundo en Sebaco la vida comunitaria de la cual participe, hoy mi familia y yo como diria Josue servimos a nuestro Senor por medio de este trozo de iglesia. Agradecidos de ser parte y contribuir con lo poco que podemos para que ese primer esfuerzo persista en el tiempo.
Que Dios te guarde.